Ha pasado un año ya desde aquel lunes en que por primera vez no fui a trabajar -pero trabajé-, y cumplí un horario -pero elegido por mí-, en que descansé -cuando mi cuerpo lo pidió-, y en el que puse todo mi empeño en dar lo mejor -como siempre- pero por mí, para mí y sobre todo eligiendo cómo, dónde y por cuánto.
Y hoy puedo decir que…
- Necesito una pantalla más grande, una buena silla y gafas. Y ruego cada día que no le pase nada a mi mano derecha.
- Soy mucho más organizada de lo que esperaba. Con 5 ó 6 horas de productividad extrema, me alcanza para tener controlado el to-do list. Pero durante ese tiempo apago cualquier cliente de twitter, silencio la blackberry y desconecto mi mail personal. Mate, auriculares, música adecuada y a currar.
- Ningún gestor de tareas me resultó tan efectivo como apuntarme cada mañana mis tareas pendientes en un papel e ir tachando. Y mantener el inbox a cero siempre.
- Utilizo un cliente de correo (Mail) para el correo personal y otro (Thunderbird) para el correo profesional. De esa manera, elijo cuál tengo abierto según la ocasión. Y ninguno se abre automáticamente al iniciar sesión, eso lo decido yo.
- Comer es de débiles. O mejor dicho, cortar-dos-horas-para-comer-primero-segundo-y-postre-y-luego-hacer-una-sobremesa-de hora-y-media-con-café-y-chupito-luchando-contra-el-sueño será una costumbre muy arraigada, pero no puedo con ello. Algo ligero en 15 minutos y a seguir currando, que ya cenaré tranquila.
- No logro superar mi esclavitud a la blackberry, pero al menos aprendí a mantenerla en silencio todo el día, salvo raras excepciones.
- No hay mejor publicidad que el boca-oreja. Ofrece un buen servicio, y no te faltará trabajo. El 90% de mis clientes salen de Twitter o Linkedin y allí la honestidad es fundamental. Requiere mantener siempre buenas relaciones y controlada la información que aparece de ti en la red. Sin caer en extremos rídiculos, pero al menos conocer las configuraciones de seguridad de todas las redes sociales. Sí, de Facebook sobre todo.
- Ser una empollona tiene sus beneficios.
- Contratar a un gestor que lleve mis papeles y mis cuentas fue la mejor inversión que pude haber hecho. O lo que es lo mismo, “lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe”.
- Echo muchísimo de menos alimentarme del conocimiento ajeno en el día a día. Disfruto trabajando sola, pero interactuar con otros profesionales, mirar sus trabajos, leer sus experiencias es fundamental para no crear vicios y mantenerse flexible y actualizado.
- Asumí que aún hay demasiada gente, sobre todo los más cercanos, que consideran que hago “dibujitos” y que mi tiempo es gratuito. Incluso tengo una carpeta con el nombre “ONG” donde agrupo todos los trabajos que hago de favor, y lo manejo como un cliente más. Pero procuro que nunca supere un pequeño porcentaje de mi tiempo disponible y que me den a cambio libertad absoluta para trabajar.
- Sigo prometiéndome cada día trabajar más en mi imagen de marca como profesional. Tener un buen logo, un nombre recordable, mis materiales personalizados, etc.. Pero hice bien en conformarme con algo muy sencillo para arrancar. El cliente más exigente que se puede tener es uno mismo.
Y bien contenta que estoy de haber elegido este camino :)
Feliz cumpleaños a mí :)
