Cuando la semana publiqué algunas de las tantas cosas que aprendí en mi primer año como diseñadora freelance, sabía que se me quedaban en el tintero algunos puntos que considero tanto o más importantes que aquellos, pero que por eso merecían un post aparte.
Soy una persona muy perfeccionista, y si bien muchas veces esto es un punto a favor, la mayoría de las veces significa un tiempo muy valioso perdido en analizar todas las opciones para tomar los caminos adecuados.
Cuando las decisiones -y sus consecuencias- dependen pura y exclusivamente de uno, es muy fácil caer en la trampa de la desesperación y el “no estoy capacitado para hacerlo”. Y entonces dejamos que los demás opinen, juzguen, aconsejen… y nos mareamos con tantas opciones, y las respuestas se alejan cada vez más.
Sólo las veces en que seguí verdaderamente mi instinto, fue cuando tomé las decisiones acertadas. Aprendí que está muy bien consultar con gente que sabe, pero una vez que haya evaluado yo misma todas las opciones y tenga muy claro el objetivo que quiero alcanzar.
Había soñado con venirme a vivir a Europa muchos años antes de hacerlo. Cada vez que juntaba el valor, lo comentaba con alguien que enseguida me tiraba abajo mi sueño, haciéndome ver lo duro e innecesario del cambio. Y no les faltaba razón, entonces me entraba el miedo, y la pereza y la decisión se iba postergando…
Pero un día me levanté y decidí que era el momento. Y también decidí no contárselo a nadie. Era mi secreto, mi proyecto, y en todo caso la única perjudicada si todo fallaba tal como me vaticinaban. Procuré no arrastrar a nadie en mi aventura y solita y sin que nadie se entere, una mañana me fui a una agencia de viajes y reservé un billete Buenos Aires - Madrid. De ida solamente. No tenía dinero para más.
Junté todos mis ahorros (300 euros!), renové pasaportes y presenté mi carta de dimisión en mi trabajo. Y entonces, en ese momento, cuando ya no había vuelta atrás, se lo conté al mundo. Mis padres -y mis amigos, y toda mi gente- se enteraron 20 días antes de subirme al avión. Y entonces sí, comprendieron que iba en serio.Y entonces sí, me apoyaron, me ayudaron (conseguí 100 euros más!) y nadie tuvo los cojones de decirme “no eres capaz de hacerlo”.
PD: Sí. Desembarqué en una ciudad desconocida con 400 euros en el bolsillo, 25kg de equipaje y ningún plan B. Y aquí estoy. Y no saben todo lo que aprendí en el camino :)
